Somos los descendientes de una mujer inteligente y emprendedora. Nos heredó su pasión por la comida y una poderosa mística de trabajo. Doña Margoth fue una valiente mujer siempre se interesó por aprender cosas nuevas y es así como aprendiendo nuevas técnicas de cocina desde que era niña. Desde muy corta edad Doña Margoth empezó a enamorar a todos con su sazón y decidió sacarle provecho a sus habilidades poniendo un puesto de tortillas. Tiempo después se convirtió en un pequeño comedor en un local del Portal Orozco frente al parque Daniel Hernández en Santa Tecla.
Un día en 1962, cuando preparaba la cena de sus hijos, llegó un grupo de clientes que regularmente visitaban el lugar y se percataron que estaba haciendo pupusas (en ese entonces no eran parte del menú) y le preguntaron si las vendía. Doña Margoth con la convicción y actitud servicial, se las vendió a diez centavos de colón. Al día siguiente, los mismos clientes visitaron el lugar preguntando por pupusas y el resto es historia.
Hacer del trabajo un capricho y de la tradición una pasión.
El esfuerzo y la dedicación son clave para el éxito y nuestras costumbres son parte intrínseca de nuestra identidad.
Nuestra adaptabilidad al cambio y nuestro compromiso con la historia nos hacen pensar de manera diferente y emprender nuevas aventuras sin miedo.
Mantener vivo la sazón de nuestra historia.
Queremos mantener vivo el folclor salvadoreño a través de la comida y que la tradición nunca pase de moda. Las modas son algo efímero y muchas veces las adoptamos de otras culturas. La tradición está arraigada a nuestros valores y se vuelve parte de nuestra identidad. Eso es lo que queremos lograr con nuestra comida, que siga siendo parte de lo que nos hace salvadoreños.